El tigrito que se mordía las uñas

compartir en Facebook

Erase una vez un tigrito muy travieso, que tenía la costumbre de mordersese las uñas. Con mucha frecuencia, su madre le seguía los pasos, tratando de sorprenderle en el momento justo de llevarse las patas a la boca, y poder reprenderle con energía. Ella probó diferentes métodos, pero llegó a convencerse de que era imposible persuadir a su hijo de lo nocivo que era este hábito. Aún así, no pasaba día sin que regañase al tigrito:

-Deberías observar a tus amiguitos. Ellos tiene las uñas largas y lustrosas. Se sienten orgullosos de lucirlas. Tú, en cambio…, ¡oh, qué disgustos me das con tu costumbre!- se quejaba ella.

-¡Bah! No veo nada malo en morderme las uñas, mamá –respondía él, con gesto travieso, y seguía muerde que te muerde.

Llegó la primavera y, como siempre, el tigrito se fue al bosque para jugar con sus amiguitos. Esta vez le acompañaban dos de ellos. Corretearon largo rato de acá para allá; de pronto, uno de los amigos del tigrito vió que un pájaro se posaba en las ramas de un árbol; sin pensarlo dos veces, empezó a trepar por él. El otro amigo del tigrito le siguió como un rayo.

Naturalmente, nuestro tigrito intentó imitar a sus compañeros de juegos, pero se encontró con que no tenía uñas y no podía trepar.

-¡Oh, no puedo agarrarme al tronco de este árbol! Si tuviera uñas como ellos… -exclamó el tigrito.

Lleno de vergüenza, fue a esconderse detrás de un matorral. Mientras sus amigos daban buena cuenta del pájaro, el tigrito se hizo el firme propósito de no volver a morderse las uñas.

La experiencia es la mejor maestra, amiguitos.

Etiquetas: , ,

Deja un comentario