Los gatos y los ratones

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Se dice con mucha frecuencia que los gatos y los ratones no pueden verse, porque son encarnizados enemigos. Será cierto, pero en la vida siempre hay excepciones. Por ejemplo: la amistad entre el gato Mizifú y Ratoncito.

Sus respectivos papás se oponían a que anduviesen juntos miembros de dos razas irreconciliables, pero sus reprimendas caían en oídos sordos; siempre andaban juega que te juega Mizifú y Ratoncito y la verdad es que lo pasaban muy bien.

A veces tenían que verse a escondidas por el enfado de sus familias, pero nunca se desanimaban por las contrariedades que se les presentaban.

Un día, paseaban por la calle Mizifú y su papá. De improviso, se echaron sobre ellos unos niños traviesos y empezaron a maltratarlos. Padre e hijo maullaban tristemente, pero nadie acudía en su socorro.

Mizifú, en un descuido de los niños, logró escaparse y acudió en busca de su amigo Ratoncito, para que le ayudase; este, en compañía de su papá don Ratón, corrieron al encuentro de los niños y les puso en fuga, tal era el terror que los ratones les inspiraban. De esta manera, el papá de Mizifú pudo ser liberado.

Desde entonces, grande fue la amistad que surgió entre los padres de Mizifú y Ratoncito. Ambas familias vivieron en armonía y nunca más volvieron a crearse  conflictos entre nuestros protagonistas.

La amistad puede salvar el abismo entre dos razas enemigas; en realidad, es capaz de cualquier cosa, ¿verdad, amiguitos?.

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